Para que surja un negocio, se tiene que ensamblar la motivación con la oportunidad

Para que un emprendimiento -pequeño, mediano, grande- nazca, se necesitan dos ingredientes fundamentales: la motivación y la oportunidad. No existe un emprendimiento sin un emprendedor con una motivación muy fuerte. No existe un negocio sin una oportunidad real en el mercado.

Emprender es complejo y necesita de mucha energía. Por eso es clave que la motivación sea lo suficientemente fuerte. Las motivaciones para emprender son muchas y de diferente índole. Sin embargo, comparten algo. Son muy fuertes, muy profundas, y están integradas a una parte vital del futuro emprendedor. Van desde la urgencia de convertirse de un día para otro en sostén de hogar frente a crisis familiares, la necesidad de completar los ingresos del hogar, el deseo profundo de pasar de ser empleado a convertirse en su propio jefe,  o sencillamente por un deseo de cambio.

Sin embargo, a la hora de lanzar un negocio, no alcanza solamente con la motivación. Si bien, como dijimos, es una condición absolutamente necesaria y crítica, no es suficiente. Tiene que existir, además, una oportunidad de negocio.

Muchas veces esa oportunidad es evidente, como en el caso de Marcela: Una vez que se decidió a emprender, vio que lo étnico se empezaba a poner de moda, y cada vez más los turistas que llegaban a su ciudad –de Buenos Aires o del exterior- estaban interesados en comprar artesanías. Entonces decidió empezar a producir cuadros y recuerdos para vender. Cuando empezó no tenía mucho dinero para invertir, pero creyó mucho en su idea, y se enfocó en vender. Arrancó en una feria los fines de semana –en donde hizo la mayoría de su clientela inicial-, al tiempo comenzó a vender sus productos a negocios en la ciudad para asegurarse ventas durante la semana. Hoy cuenta con su propio local. Para Marcela, “el éxito de mi emprendimiento es que constantemente miro qué es lo que le gusta al turista. Paseo y observo y lo que veo que gusta lo adapto”.

 

Luego la oportunidad también se presentó cuando después de vender durante 3 años cerámicas, hasta que un día tuvo la oportunidad de viajar al norte para perfeccionar su técnica, y vio que allí existía el servicio de hospedaje de turistas en casas rústicas. Detectó esa oportunidad y se imaginó haciendo lo mismo en su ciudad. Convenció a sus compañeras artesanas, cambiaron el plan y en lugar de producir cerámica empezaron a dar servicio de hospedaje. Hoy Marcela brinda un servicio de hospedaje vivencial, al que le agregó tratamientos ancestrales -que aprendió de su padre-, para turistas nacionales y extranjeros.

En otros casos, esa oportunidad es más intuida, e incluso creada por el propio emprendedor. Como la historia de Juan Carlos: Él desde siempre supo que quería tener su propio negocio “pues veía que siendo empleado nunca podría tener los ingresos necesarios para cumplir mis sueños”. Con Patricia, su pareja, se les ocurrió aprovechar una oportunidad: su suegro, camionero, fletero de productos hacia el norte del país, volvía con el camión vacío. A pesar que ya había 4 verdulerías locales, ellos decidieron congelar y fraccionar frutas y verduras traídas del norte por su suegro. Solicitaron un crédito para comprar un freezer y una embolsadora, diseñaron un packaging y salieron al mercado, diferenciándose de sus competidores por un muy buen servicio al cliente.

Otros, deciden convertir en oportunidad un oficio saber heredado de la niñez, como Silvia: Ella no se imaginó de entrada que iba a ser emprendedora, sino que fue a una capacitación pensando que era una convocatoria a empleo, cuando en realidad era una invitación a entrenarse y emprender un servicio de limpieza de casas. Al principio le dio miedo, pero lo superó, se animó y emprendió. Con el primer crédito compró equipamiento y tuvo la previsión de dejar separado para el primer pago de sueldos. Empezaron a brindar servicios a locales en tiendas comerciales, y en los primeros 3 meses ya tenían 9 personas trabajando.

¿Aprendizajes? No es redundante repetir que definitivamente, para que un emprendimiento nazca, deben co-existir dos dimensiones: motivación + oportunidad. No importa de dónde provenga la motivación, lo que importa es que sea lo suficientemente fuerte y profunda como para mover al emprendedor, darle energía no solamente para lanzarse a tomar riesgos e iniciar el emprendimiento, sino para sostenerlo más adelante. En cuanto a la oportunidad real de negocio, sin ella un emprendimiento ni siquiera comienza. A veces, la oportunidad es muy evidente, pero otras, la mayor parte, la oportunidad es menos clara a la vista de todos, y necesita de la atención muy especial de un emprendedor para descubrirla. Atento a los detalles, alerta. Descubrir lo que nadie ve, mirar lo que nadie mira.

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